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Tarta de Almendras y Frutos Rojos

Estoy leyendo un libro sobre crianza que habla de la importancia de la naturaleza para el desarrollo de los niños. Aunque en realidad más bien de la naturaleza como un ejemplo de lo que necesitan los niños. Necesitan jugar porque es así como aprenden, como se retan a ellos mismos, reproducen sus vivencias, afrontan sus miedos, prueban diferentes roles. Y eso pasa sobretodo cuando ellos determinan el ritmo, en juegos no estructurados o poco estructurados. Y lo que más necesitan es relacionarse. Con los adultos y con otros niños. Porque son otros humanos los que con sus expresiones faciales, su prosodia y todo su lenguaje corporal, dan significado al mundo infantil. El conocimiento cuando viene sin relación humana no atrae mucho a los niños. Aprenden emocionándose.

De hecho, los estímulos emocionales y el efecto que tienen sobre procesos perceptivos y cognitivos fueron uno de mis temas de investigación en neurociencias. Últimamente está muy de moda hablar del cerebro y mucha gente con pocos conocimientos lo hace, algo que frecuentemente resulta en reduccionismos y afirmaciones incorrectas. Así por ejemplo me he encontrado frecuentemente con el concepto del “cerebro reptiliano” como una parte evolutivamente antigua de nuestro cerebro, el tronco cerebral y el cerebelo, centro -según la gente que escribe sobre el concepto- de nuestras emociones. Y hay una parte correcta en eso, supongo que por eso el concepto está tan extendido. Hay cierta involucración del tronco cerebral en el procesamiento emocional, aunque de manera más importante lo son otras estructuras subcorticales, partes del sistema límbico, cómo la amígdala, que tiene forma de almendra. Pero el comportamiento social y las emociones asociadas a las relaciones, se procesan más bien en una parte del neocórtex. El neocórtex o la corteza cerebral está más desarrollada en el humano que en cualquier otro animal y las funciones cognitivas complejas se asocian sobretodo con áreas corticales. Y justamente la corteza prefrontal es la que más tarda en madurar (alrededor de los 25 años) y, aparte del procesamiento emocional es importante para el control de impulsos, la planificación temporal y la conducta social adecuada según el contexto. Pero lo más importante es entender que el procesamiento emocional no se reduce a ciertas partes aisladas del cerebro, sino que hay una amplia red cerebral de procesamiento emocional. A través de mecanismos múltiples (modulación por neurotransmisores, oscilaciones neuronales a frecuencias múltiples que resultan en toda una orquestra rítmica, etc.), los diferentes áreas cerebrales, tanto corticales como subcorticales importantes para el procesamiento de las emociones, están en comunicación continua y fluida. Y, así como las emociones que experimentan en sus relaciones con los demás son el motor de aprendizaje de los niños, para los adultos también lo son. Existen por ejemplo casos de pacientes que perdieron partes de sus cerebro importantes para el procesamiento emocional (debido a accidentes vasculares, por ejemplo, o accidentes graves) y resulta que son incapaces de tomar las decisiones más sencillas ya que quedan deliberando hasta el infinito las diferentes opciones.

Y ahora, un pastel que emociona. Tenía ganas de hacer un pastel así, con pisos, porque simplemente quedan espectaculares. Por el otro lado no quise un pastel con crema pastelera, sino algo un poco más fresco, ligero, primaveral. Así que aquí tenéis el resultado, unos bizcochos de almendra molida, sin harina, sin gluten, sin grasa añadida, súper esponjoso y con un intenso sabor a almendras además de un toque cítrico, un relleno de yogur y mascarpone con naranja y limón y un montón de fruta. Todo endulzado con miel. Y aunque pueda intimidar hacer un pastel así tan producido, éste en realidad es bastante fácil y rápido (menos la parte de cocer los tres bizcochos uno tras otro, si, como yo, no tenéis más de un molde del mismo tamaño). Pero la masa se puede hacer para los tres bizcochos a la vez y el relleno también y son muy sencillos. Además es un pastel de pisos, pero con un estilo rústico, sin cubrir todo el pastel, lo cual me gusta estéticamente, y también lo hace más fácil. Y si lo hacéis, por favor, sacad alguna foto y hacédmela llegar por instagram (@cancaramelo, #cancaramelo) o por cualquier otra vía, ¡que me encanta ver cómo hacéis vuestras mis recetas!

Notas: No hace falta hacer una tarta de 3 pisos, también puedes dividir la receta en 2 o 3 y hacer un pastel con la crema y la fruta encima.

Ingredientes

Para los bizcochos:

  • 6 tazas/ 525g de harina de almendra (almendras molidas)
  • 1 taza de miel
  • 8 huevos
  • 1/2 taza de leche vegetal (sin endulzar)
  • 1 cuchara de extracto de vainilla o las semillas de una vaina de vainilla
  • ralladura y zumo de una naranja ecológica
  • ralladura de un limón y 1 cuchara de su zumo
  • 1 cucharadita de sal

Para la crema:

  • 700g de yoghur griego
  • 250g mascarpone
  • ralladura de 1 limón y 1 naranja ecológicos
  • 1/2 – 2/3 tazas de miel (a gusto)
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • pizca de sal marina

To top:

  • 3 tazas de fruta (usé arándanos, frambuesas y moras cuando lo hice para el cumpleaños de una súper amiga y para probar la receta una segunda vez usé fresas y arándanos, pero podrías usar grosellas, uvas, melocotones, cerezas… cualquier fruta jugosa y blanda en realidad)
  • lavanda y tomillo (opcional, menta también iría muy bien)

Instrucciones:
Precalienta el horno a 180ºC. Cubre la base de un molde de unos 20cm de diámetro con papel de hornear y engrásalo (si tienes más de un molde de este tamaño, prepáralos, podrás hacer los bizcochos a la vez). Empieza separando los huevos. Añade todos los demás ingredientes para el bizcocho a las yemas. Bate las claras a punto de nieve (yo uso una batidora eléctrica de mano), luego aprovecha la batidora para batir los otros ingredientes hasta obtener una masa uniforme. Añade las claras con cuidado e incorpóralas a mano. Llena el molde con un tercio de la masa y hornea durante 22-25min, hasta que un palito salga limpio. Repite hasta tener los 3 bizcochos. Deja enfriar por completo. Si la superficie del bizcocho no es plana, recórtala cuidadosamente con un cuchillo.
Para el relleno, mezcla todos los ingredientes.
Llega el mejor momento: el de montar la tarta. Cubre un bizcocho con un tercio de la crema y un tercio de la fruta (mezclada o separada por pisos). Repite. Decora la parte de arriba con flores de lavanda y tomillo. Puedes poner un chorrito de miel si quieres.

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