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Pasta con Salvia y Limón

No sé muy bien por qué me vino a la mente una conversación que tuve hace muchos años. Vivía en chile y en mi grupo de natación había un chico alemán. Estaba sin muchas ganas de conectar con otros alemanes, pero para integrarlo le pregunté qué estudiaba. Contestó económicas. Para mi en este momento (y en cierta medida hasta hoy) sonaba a un aburrimiento enorme que iba a llevar a un trabajo poco interesante con la finalidad principal de ganar dinero. Le pregunté sorprendida por el motivo. Contestó que le llamaba la eficiencia, que para él era importante ser eficiente. Lancé un pequeño discurso improvisado anti-eficiencia, remarcando que era agotador y estresante estar pensando en hacer las cosas lo más rápidamente posible y que me gustaba la idea de ser poco eficiente, de detenerme, conversar, hacer las cosas de manera lenta, dejar fluir el pensamiento y, en resumen, tomarme el tiempo de no ser eficiente. Cuando acabé, me contestó que así había sido la manera de ser de sus padres y así se había hundido su pequeña granja ecológica, que por eso había decidido estudiar económicas. Así que esta conversación me enseño a no juzgar demasiado rápido y con los años también cambié radicalmente mi idea sobre la eficiencia. Ser eficiente me permite ser productiva, facilitar flujos de trabajo evitando esfuerzos innecesarios, acabar con cosas que no me gustan más rápido y así tener más tiempo libre para otras cosas.

Hace un par de meses empecé a planificar la comida de la semana. Antes había empezado a hacer alguna vez comida de más y la había guardado en la nevera o congelado para otro momento. Pero ahora lo sistematicé, me siento un día a la semana, pienso en todas las cenas de la semana y hago la lista de compras en función de lo que vamos a comer. Pienso en componentes que servirán para más de una comida (una quinoa por ejemplo que un día comeremos en una ensalada y otro día acompañando un guiso o una salsa de tomate que servirá para una lasaña y también para una parmigiana). El fin de semana preparo el grueso de las cosas que comeremos entre semana y así aprovecho que el horno esté encendido para hacer un pastel, asar verduras y tostar frutos secos por ejemplo. Aprovecho una olla para hacer una salsa y luego un guiso. Es cierto que significa cierto esfuerzo y una inversión de tiempo hacer la planificación y cocinar varias cosas a la vez, pero entre semana es cuando pasa la magia. En unos 10 minutos la cena está preparada, y, no sólo eso, sino que son cosas más ricas y más variadas de lo que solíamos comer. Piensa en un arroz integral ya hecho, unos hinojos caramelizados, unas avellanas tostadas, queso feta, granada ya desmenuzada, perejil lavado y listo para picar y una vinagreta preparada o una lasaña vegetal para la que ya tienes las salsas y verduras asadas y solo queda cortar el queso y apilar todo en capas. Además tiramos aún menos comida porque compramos pensando en las recetas. También evitamos estos momentos en los que de repente tenemos mucha hambre y entonces ya comemos cualquier cosa. Hacemos menos compras a última hora. No solíamos comer mucho fuera de todas maneras, pero si uno tiene la costumbre, así también se ahorra dinero.

Para empezar la planificación me suscribí durante un mes al biotiful plan, donde Chloé envía la planificación completa de desayuno, comida y cena de lunes a viernes una vez por semana, incluyendo la lista de compra. Esto me fue muy bien para empezar, pero como tiene que cuadrar con el menú de la guardería de Simón (le enviamos un taper cada día), luego empecé a hacer la planificación yo misma. Y tanto me acostumbré a ello en este tiempo relativamente corto, que el otro día en el parque se me hizo muy raro cuándo una amiga preguntó a su compañero qué iban a cenar esa noche. Incluso he ido haciendo tantas reservas de congelados por el camino que podríamos comer por lo menos durante una semana sin cocinar nada.

La receta de esa entrada son unos espaguetis con salvia y limón, una receta súper simple y rápida de hacer, pero que nos encanta y de la que siempre nos servimos segundas raciones. No tiene que ver tanto con la planificación de comidas, ya que de todas maneras se puede preparar muy rápido (básicamente lo que dura hacer la pasta), aunque si la haces con verduras asadas (nosotros no siempre lo hacemos, pero quedan muy bien y hacen el plato más nutritivo y saludable añadiendo vitaminas, fibra y fitonutrientes). Y las verduras las puedes tener preparadas del fin de semana o de otro día que hayas dedicado a cocinar para la semana. Para subir de nivel también puedes agregar unas nueces caramelizadas. Puedes hacer más cantidad y guardarlas para añadir a desayunos y otras comidas.

Para 4 personas.

  • 500g Espaguetis integrales (o los que prefieras)
  • un manojo de salvia fresca (a mi gusto cuánto más mejor)
  • ralladura de 1 limón ecológico (la piel de los cítricos normalmente es altamente tratada con pesticidas, cera y otros)
  • 3 cucharas/ 50g de mantequilla
  • 1/2 cucharita de sal marina

opcional:

  • verduras (zanahorias/ calabacín/ berenjena/ champiñones/ cebollas/ ajos/ …) + 1-2 cucharas de aceite de oliva
  • queso feta
  • parmesano
  • nueces caramelizadas:
    • 1/2 taza de nueces
    • 1 cucharita de sirope de arce
    • 1 pizca de sal marina

Instrucciones
Si vas a hacer los espaguetis con verduras, precalienta el horno a 220ºC. Corta las verduras en trozos (forma y tamaño a gusto), ponlas en una bandeja de horno y rocía con 1-2 cucharas de aceite de oliva, salpimienta y mezcla con las manos hasta que las verduras estén cubiertas de manera regular en el aceite. Hornea durante unos 20min, hasta que las verduras estén hechas y doradas, se puede poner el grill durante 2-4min al final. Mientras, pon agua a hervir, añade sal y cuece la pasta según las instrucciones del paquete. En una sartén, calienta la mantequilla a temperatura media-alta y cuando se haya fundido, echa las hojas de salvia. Fríe durante unos minutos, hasta que las hojas de salvia estén crujientes y se hayan oscurecido hasta parecer casi negras (¡no del todo!). Si quieres hacer las nueces caramelizadas, trocéalas un poco, échalas a una sartén (puedes aprovechar la de la salvia), tuéstalas durante un par de minutos a fuego medio-alto, echa el sirope de arce y la sal y tuesta un par de minutos más. Lava el limón con agua caliente, sécalo y ralla la piel finamente. Cuando la pasta esté lista, mezcla la salvia crujiente con la pasta y añade la ralladura de limón. Sirve con las verduras en caso de hacerlas, con parmesano rallado o queso feta y nueces caramelizadas.

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