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Milhojas de verduras

He estado esperando para publicar esta receta durante meses. Quería que las verduras fueron de temporada para conseguir un sabor y unos colores como la receta se merece. Está inspirada en un plato que hacían en un lugar donde trabajé hace muchos años. Era una mezcla de café, catering y comida para llevar. Se llamaba “Born Cooking”, un juego de palabras porque estaba situado en el barrio el born, en Barcelona. Lo llevaban un chef argentino que preparaba comida salada absolutamente deliciosa y una mujer estadounidense que hacía postres típicos de allá, decadentes y muy sabrosos. Si el lugar nunca tuvo demasiado éxito seguramente fue porque estaba situado en una callecita de lo más pequeña y escondida y había poco público de paso.

Cómo suele suceder a menudo cuando un negocio no va tan bien, y tal vez cuando va muy bien también, los socios se empezaron a pelear. A gritos. Recuerdo tener que cerrar la puerta para que los clientes no los escucharan desde la cocina. Una vez uno tiro un cubo de agua al otro. En un momento del verano había muy poco trabajo y se lo hicieron una costumbre llamarme el mismo día que me tocaba trabajar para decirme que este día no hacía falta que viniera. Así que me encontraba de guardia no renumerada. Cuando encima de eso el chef intentó ligar conmigo, no volví más al trabajo a pesar de no contar con ahorros. Hacía días que me moría de ganas de salir un poco de la ciudad y recordaba una invitación a la casa de los padres de un amigo. Decidí llamarlo para averiguar si la oferta seguía en pie, y tras confirmarlo, me puse a averiguar cómo llegar. Había pagado el alquiler y me quedaban 40 euros. Invertí 16 en un billete de autobús a Cadaqués, ciudad de pescadores blanca y pintoresca, 3h al norte de Barcelona. Llegué y mi amigo me sorprendió con que era su cumpleaños e íbamos a cenar a un restaurante bonito. Hacía poco que nos conocíamos y me sentí un poco tímida acerca de mi situación económica. Al final dejé que él pagara y durante los días que siguieron insistí en comer una pasta con unos ajos viejos y un poco secos en vez de salir, en tomar café en la casa en vez del chiringuito de la playa y decía que no tenía hambre en absoluto cuando volvimos a las 5 de la tarde sin haber comido aún, después de disfrutar del mar durante toda la mañana y mí estómago me llamaba mentirosa a rugidos. Cuando me llevó de vuelta a la estación de autobús intenté darle todo el dinero que me quedaba, porque al final me había invitado a un montón de cosas. Afortunadamente me dijo que le comprara un helado y ya está. ¡Hecho!

Me quedaban cerca de 20 Euros para sobrevivir hasta el próximo sueldo de un trabajo que aún tenía que encontrar. De forma casi mágica, empecé a recibir regalos de extraños. Es algo que nunca antes ni después pasó en mi vida y creo que tuvo que ver con que más que preocuparme, estaba muy abierta hacia todo lo que me rodeaba, disfrutando del tiempo libre y aceptando ayuda de amigos y conocidos, básicamente invitaciones para comer o cenar. Había un vendedor de rosas que empezó a regalarme una rosa cada vez que nos cruzábamos. Un día vi a alguien llevando un planta de marihuana súper grande y le comenté lo bonita que era. ¡Me la regaló! Era masculina y no producía THC, pero se veía linda en nuestra terraza. Alguien en la calle me regaló unas gafas de sol. Un día en el playa nadé un rato, como siempre, pero cuando volví había un vendedor de bebidas frías impresionado con cuán lejos había nadado y me regaló una lata de cerveza. Y aún hay más. Había salido un poco de noche y estaba sentada con una amiga en una plaza cuando un inglés me preguntó por el camino a un club que quedaba al otro lado de la plaza. Se lo señalicé, pero me ofreció 5 euros para acompañarlo hasta ahí. 1 euro por metro, ¡trato hecho! Si hubiera sabido que me acababa de dar el dinero para la comida de casi toda una semana. Poco después afortunadamente encontré trabajo en un sitio donde pagaban semanalmente (algo muy raro).

Son recuerdos de otros tiempos. Creo que vivir con tan poco en algunas ocasiones (¡no sólo en esta!) ha marcado mi relación con el dinero y me ha hecho más sensible hacia este tipo de situación en otros. Pienso que por regla general, el que tiene más dinero debe pagar, e intento no sentirme mal si es la otra persona y que la otra persona lo acepte sin sentir que tenga que devolver nada si yo soy esa persona. Si tengo que pagar a alguien, quiero que sea un pago adecuado y lo haré en el momento mismo o en el momento acordado, sin retrasarme, porque aunque puede que frecuentemente no importe, para algunos puede significar preocuparse por pagar la cena o el alquiler.

A veces me dejo llevar un poco cuando escribo estas entradas, así que de vuelta a la receta. Es un plato simple (súper sencillo si compras el paté de olivas, el pesto y los pimientos asados, un poco menos, pero mucho más rico, si te decides por hacerlos tu mismo/a). Consiste en verduras asadas, puestas unas encima de otras con capas de paté de olivas y pesto en el medio y un poco de queso. Es una bomba de sabor que se puede comer tal cual o con pan, arroz, pasta o cortado en unos elegantes canapés.

Para 4.

Para el pesto (te sobrará, ¿pero quién no quiere tener un frasco de pesto en la nevera?):

  • 1 taza muy llena/ 40g de albahaca fresca
  • 1/2 taza de almendras o anacardos tostados (yo usé mitad y mitad)
  • 1/2 taza/ 110g aceite de oliva virgen extra
  • 50g queso parmesano (o 1 una cucharada de levadura nutricional para una versión vegana)
  • 1 cucharadita de sal marina
  • 1 diente de ajo (opcional)

Para el paté de olivas:

  • 200g olivas negras con hueso (yo usé olivas Kalamata, unas olivas griegas que me tienen enamorada), da para más y lo agradecerás

Las verduras y demás:

  • 3 berenjenas
  • 2 pimientos rojos
  • 2 pimientos amarillos
  • 3 calabacines
  • 1 manojo de espárragos verdes (opcional)
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal marina y pimienta negra recién molida
  • 200g de queso de cabra (o mozzarella, provolone, taleggio… o sin, para un plato vegano)

Enciende el grill de tu horno. Lava los pimientos, sécalos y ponlos en el horno (en la parte de arriba). Dales vuelta cada 5 minutos para quemarlos de todos lados. Deben quedar bastante quemados para que sea fácil sacar la piel. Mientras tanto corta las berenjenas y calabacines en láminas de un grosor de unos 5mm. Cubre una bandeja de horno con papel de hornear y pon las verduras encima (puede que necesites dos bandejas). Puedes hacer los espárragos al horno o en una sartén. Si los haces en la sartén quedarán más bonitos de aspecto. Simplemente echa un poco de aceite y fríelos durante unos 5 minutos a temperatura mediana, moviéndolos para que se hagan de todos los lados.Rocía con aceite (o pincélalo). Salpimienta. Cuando los pimientos estén con burbujas negras por todas partes, sácalas del horno y cambia a calor de arriba y abajo a 250ºC. Asa las verduras durante unos 20min, hasta que estén blandas y ligeramente tostadas (si haces dos bandejas a la vez, no te olvides de intercambiarlas a mitad del tiempo). Mientras las verduras están en el horno y los pimientos se están enfriando, haz el pesto combinando todos los ingredientes en una procesadora de alimentos (o usa minipimer) y tritura hasta obtener una textura cremosa, pero no del todo lisa. Prepara el paté de olivas deshuesando las olivas y triturándolas. En cuanto los pimientos se han enfriado lo suficiente, saca piel y semillas. Estás lista/o para preparar las milhojas. Usa una lámina de berenjena grande como base y ve apilando las verduras poniendo pesto o paté de olivas cada dos capas de verduras. Encima pon queso. Vuelve a encender el grill y pon unos 5 minutos o hasta el queso esté medio derretido y un poco tostado. Termina con un trozo de berenjena de fuera si quieres. ¡Disfruta!

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