© 2019 Can Caramelo picnic scene from above

Focaccia con Remolacha, Queso de Cabra & Higos

He escrito sobre varios temas de neurociencia hasta ahora: cómo funciona el gusto, mind wandering (cuando tu mente empieza a divagar, sólo en inglés), paciencia, optimismo, el rol de las emociones en el aprendizaje (sólo en inglés), expectativa semántica (sólo en inglés), música y ritmos del cerebro (sólo en inglés), placer (sólo en inglés), representación mental (sólo en inglés), trabajo en equipo en ciencia (sólo en inglés) y percepción sensorial cruzada (cuando percibes un tono como un color por ejemplo, sólo en inglés).

Pero aunque haya hablado de placer antes, me parece que esta focaccia se merece una entrada más específica. Un poco más de placer no viene mal a nadie, ¡¿verdad?!

¿Buscamos el placer?

Supongo que la mayoría estaríamos de acuerdo en que buscamos placer, pero aún así tengo la impresión de que en realidad no le damos el valor que se merece o incluso lo malinterpretamos. ¿En qué sentido? La vida es corta, pero eso se nos olvida la mayor parte del tiempo. En nuestro día a día frecuentemente nos vemos atrapad@s en nuestras rutinas y obligaciones y se nos olvida perseguir el placer. Claro que el cerebro humano tampoco está hecho para vivir en un estado de gloria continua, pero deberíamos activamente crear una rutina que nos trae alegría y esté llena de momentos de placer sensorial. A veces estamos tan atrapadas en nuestras cabezas y todo lo que tenemos que hacer, que nos olvidamos de percibir a todas las cosas que nos pueden traer tanto placer – si tan solo prestáramos atención. Nuestro bienestar y placer deberían condicionar como planificamos nuestra vida, en vez de dejarlos para los momentos en los que quedamos libres de otras obligaciones.

Planea el placer!

El placer es un parte importante de nuestro bienestar. Pero ¿cómo se genera en nuestro cerebro? ¿Por qué es tan importante? ¿Es subjetivo el placer o hay placeres que tod@s compartimos? ¿Hay una diferencia entre placer y felicidad?

Deberíamos planificar para experimentar placer de diferentes maneras – placer por disfrutar de comer algo bueno, el placer que nos da leer un buen libro, de expresarnos en lo que sentimos es nuestra voz auténtica, de crear y lograr nuestras metas (personales, académicas…), placer sexual, placer de causar un impacto positivo en nuestra comunidad o el medio ambiente, etc. Resulta interesante que el placer de contribuir positivamente a la comunidad tiene el mayor beneficio sobre nuestro sistema inmunológico (aunque las vías cerebrales subyacente aún no están totalmente entendidas, Blum et al., 2018).

Capitalismo & Placer

Ahora que lo pienso, me viene a la mente que la sociedad capitalista no está diseñada para el placer verdadero. Está diseñada para un estado continuo de insatisfacción – y la promesa de que a través del consumo seremos más felices y podemos consolidar nuestra identidad. Todo el progreso tecnológico que nuestra sociedad ha logrado no se usa para poder tener más tiempo para emplear de manera creativa, o para crear un mundo sin hambre o más justo – y eso que sabemos que contribuir positivamente a la comunidad impacta hasta nuestro sistema inmunológico y así permitiría ahorrar en sanidad. En cambio nos sentimos estresad@s por el trabajo, el dinero y el tiempo y, una vez quedamos libres de obligaciones laborales, frecuentemente estamos tan cansad@s que preferimos un tipo de entretenimiento que es totalmente pasivo, que consiste en consumir en vez de crear, y sí, va bien a veces, nos entretenemos, pero no nos hace sentir realmente satisfech@s porque no progresamos hacia nada.

La neurociencia del placer

En general sabemos que las diferentes maneras de experimentar placer enumerados arriba activan una red cerebral sorprendentemente similar (Blum et al. 2015). Parece por lo tanto que el cerebro responde de manera muy similar a todo tipo de estímulo y comportamiento gratificante.

Es importante diferenciar entre anhelar algo que nos aporta placer y experimentar este placer. Estos dos conceptos se median de manera muy distinta por el cerebro. Creo que much@s asociamos la dopamina con las experiencias gratificantes, pero parece ser que está implicada en desear y anticipar una experiencia placentera más que la experiencia en sí. La red cerebral que se activa cuando quieres comer un trozo de esta focaccia con remolacha, queso de cabra & higos en la boca es extensa y distribuida en el cerebro, mientras que el inmenso placer que sientes al ponerla en tu boca activa unos “hotspots” hedónicos ubicados en el sistema límbico (una parte evolutivamente antigua de nuestro cerebro, Berridge & Kringelbach, 2008).

El placer es importante porque la capacidad para sentirlo es esencial para nuestro bienestar. La pérdida de la capacidad de sentir placer se denomina anhedonia y es signo de psicopatología. La experiencia de placer es un motivador importante y a nivel evolutivo nos ha propulsado a lograr una mejor adaptación al entorno. En la actual sociedad de abundancia (al menos donde vivimos nosotr@s) sin embargo también puede ser contra producente como en el caso de las adicciones. Y eso nos lleva directamente a contestar la pregunta si existe una diferencia entre felicidad y placer. El placer inducido por consumir una droga, poco tiene que ver con la felicidad a largo plazo. Asimismo, otras conductas que nos pueden proporcionar un placer momentáneo como comer algo con mucha grasa y azúcar, sabemos que pueden tener efectos negativos a largo plazo y hacernos sentir mal con nosotr@s mismos (así que preparad esta focaccia y experimentaréis placer y seréis felices!!).

La experiencia consciente del placer constituye una interpretación subjetiva de procesos afectivos activados por un estímulo gratificante y requieren de redes neuronales adicionales. La experiencia objetiva se puede medir con estímulos subliminales (tan cortos que no llegan a la conciencia, pero que afectan nuestro comportamiento y se pueden medir a nivel neuronal). La red cerebral que se activa con experiencias placenteras también es muy similar entre humanos y otros animales, aunque en humanos la corteza prefrontal (más desarrollada que en otros animales) está más involucrada en la experiencia hedónica, especialmente la corteza orbitofrontal.

From me to you

Una reflexión final: escribo esta entrada de mi yo más sabio (igual he tenido momentos de más sabiduría, pero al menos nunca he estado tan mayor como hoy), pero también desde un yo que nunca más será tan joven como hoy. Saber que nunca más estaré tan joven como hoy, me hace sentir que quiero aprovechar la vida al máximo, y quiero ser fiel a mis deseos e ideas, sin censurarme por lo que otras personas podrían pensar. Cuando era más joven, era extremadamente tímida y consciente de mí misma y de lo que cualquiera pudiera pensar de mí, así que es un alivio enorme sentirme más segura. Si esta entrada no te gusta, me parece perfecto. Pero aún así creo que la receta te tiene que gustar. Es buena buena. La remolacha asada queda entre crujiente y jugosa  y combina tan bien con el queso de cabra y el dulzor de los higos y los pistachos crujientes. ¡Y no te olvides del romero fresco!

Ingredientes

Para la masa:

  • 500g de harina de espelta
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de sal
  • 35g de levadura fresca o un sobre de levadura seca
  • 1-1 1/3 tazas de agua tibia

Para la remolacha asada:

  • 3 remolachas crudas
  • 1-2 cucharadas de aceite
  • sal

Además:

  • 4 Higos
  • Unas ramitas de romero fresco
  • 1 rulo de queso de cabra
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 puñado pequeño de pistachos o piñones 

Elaboración

  1. Pon la harina y la sal en un bol grande.
  2. Haz un molde en el medio y añade la levadura.
  3. Echa agua poco a poco, mezclándola con la levadura. 
  4. Cuando hayas echado 1 taza de agua, empieza a amasar. Si ves que necesitas más agua, ve echando cucharada por cucharada hasta obtener una masa elástica. 
  5. Añade el aceite y amasa para incorporarlo. 
  6. Deja reposar en un lugar calentito hasta que haya doblado su volumen (1h aproximadamente). Consejo: si quieres adelantar trabajo, también puedes preparar la masa unas horas antes y dejar que repose en la nevera. Sube más poco a poco y luego resulta más estable, es más fácil de trabajar.
  7. Enciende el grill del horno.
  8. Pela la remolacha y córtala en rodajas finas. 
  9. Cubre una bandeja de horno con papel de horno y pon las rodajas de remolacha encima. 
  10. Rocía la remolacha con el aceite y sal.
  11. Asa en el horno durante unos 10min (cuidado, se pueden quemar con facilidad)
  12. Apaga el grill y calienta el horno a 200ºC.
  13. Aplana la masa con las manos o un rodillo sobre un papel de horno.
  14. Desliza la masa a una bandeja de horno y hornea durante unos 10-14min hasta que quede ligeramente dorada.  
  15. Pincha la masa con un tenedor y rocíala con 1 cucharada de aceite de oliva.
  16. Vuelve a cambiar a la función de grill del horno.
  17. Corta el queso de cabra y los higos en rodajas y pica los pistachos un poco (si usas piñones no hace falta).
  18. Cubre la masa con el queso de cabra, los higos, la remolacha asada y los pistachos o piñones. 
  19. Hornea durante unos 8-10min.
  20. Decora con romero fresco y un poco de aceite de oliva. 

Bibliografía

Berridge KC, Kringelbach ML (2008) Affective neuroscience of pleasure: reward in humans and animals. Psychopharmacology (Berl) 199: 457–480. [PMC free article] [PubMed] [Google Scholar]

Blum, K., Gondré-Lewis, M., Steinberg, B., Elman, I., Baron, D., Modestino, E. J., … Gold, M. S. (2018). Our evolved unique pleasure circuit makes humans different from apes: Reconsideration of data derived from animal studies. Journal of systems and integrative neuroscience, 4(1), 10.15761/JSIN.1000191. doi:10.15761/JSIN.1000191

Blum, K., Thanos, P. K., Oscar-Berman, M., Febo, M., Baron, D., Badgaiyan, R. D., … Gold, M. S. (2015). Dopamine in the Brain: Hypothesizing Surfeit or Deficit Links to Reward and Addiction. Journal of reward deficiency syndrome, 1(3), 95–104. doi:10.17756/jrds.2015-016

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